7 Octubre 2006
Si me vieras
por lo menos una vez
en la madrugada esperando tu llamada...
Si supieras
que deseo que ya estés
en la esquina a un paso y mi numero marcando...
Pero dejas
que el teléfono me ahorque
y me quedo oscilando
perdiendo poco a poco el pulso en el reloj.
Es por eso que por hoy
sólo quiero tener un virtud:
quiero ser
la dueña de mi esclavitud
dueña de mi esclavitud.
Quiero ser
la dueña de mi esclavitud,
dueña de mi esclavitud,
dueña de mi esclavitud.
Si pudieras
en el corazón sentir
cómo golpe a golpe
va agrietándose la noche...
Si sintieras
que pensando sólo en ti
soy una manzana
arrugándose hasta el alma...
Si de pronto
se rompiera la cadena...
pero tú me vas quitando
lo poco mal que bien que sé de libertad.
Es por eso que por hoy
sólo quiero tener un virtud:
quiero ser la dueña de mi esclavitud,
dueña de mi esclavitud.
Quiero ser la dueña de mi esclavitud
dueña de mi esclavitud
dueña de mi esclavitud.
CECILIA TOUSSAINT
servido por eldedoyelojo
sin comentarios
compártelo
17 Julio 2006
Los que asistieron a la fiesta:
Óscar, Efraín, Octavio, Orlando, Armando, Juan Carlos, Chuy B, Chava, Chuy O, Aldo, José, Carlos, Arturo, Esteban, el amigo de Esteban, Silvia, Araceli, Xóchitl, Guille, Cástulo, Mariana, las dos amigas y el amigo de Mariana, Lulú, Paty B, Juan, Diana, el novio de Diana, Geisel, Cristina, Paty C, el amigo DJ de Efraín, Toño P, el amigo de Toño P.
servido por eldedoyelojo
sin comentarios
compártelo
8 Julio 2006
Hace algunos días estaba pensando en el título de este apartado del blog, y caí en cuenta de algo: la gran mayoría de los hombres que yo haya conocido en toda mi vida, en el terreno amoroso, entran perfectamente aquí. De hecho, el único hombre “que sí” sería Rigoberto. Los demás, todos son hombres “que no” han llegado a ser mis parejas, con los “que no” he cogido, los que me gustaban pero “que no” concretizamos nada, a los que yo les gustaba pero les dije “que no”...
Y ese único hombre en mi vida “que sí”, estuvo aquí por un periodo bastante considerable: veinte años. Periodo que más de una vez he considerado como la más grave pérdida de tiempo, porque lo conocí cuando yo era un adolescente y necesitaba alguien que me ayudara a crecer como persona, como gay, como profesionista, etc. Y crecí, pero a pesar de él. Porque no puedo olvidar las peleas que tuvimos cuando terminé el bachillerato y estaba por entrar a la licenciatura, porque él (que ése había sido precisamente el límite de su historia académica) creía que yo “me envanecería” de ser profesionista; cuando me dieron una beca nacional de creación literaria y discutimos toda una tarde, en vez de abrazarme e irnos a festejar; cuando me decía que jamás haría nada porque en su casa supieran que era gay; cuando llamaba a su casa y a mí, a un lado, me hacía callar para que no supieran que andábamos juntos y después no “sospecharan”...
Lo sé, estoy consciente de que me hizo todo eso porque yo lo permití. Y ya a estas alturas que más da decir que ese largo periodo de veinte años aún tuvo una addenda, donde ya no éramos pareja ni novios sino amigos que cogíamos de vez en cuando. Misma addenda que fue el final definitivo con un lamentable episodio de cierre. En Puerto Vallarta, junto con otro amigo, pasamos tres días peleando y reclamando cosas que ya no venían a cuento. Él estuvo presumiendo en todo momento a su nuevo novio (de 17 años). La última noche no quise dormir en su cama, lo cual desató su furia (y no es una licencia narrativa esto). Óscar, el tercero en el viaje, salió del cuarto a buscar algo. Entonces aprovechó para ofenderme como jamás nadie lo había hecho: cuando le dije que dormiría en la cama de Óscar, y él mejor se esperara a dormir con su novio, me respondió que por supuesto se esperaba, que en realidad yo le tenía envidia porque él sí tenía nuevo novio joven y guapo, y que un muchacho como ése yo jamás lo podría conseguir a menos que le pagara.
servido por eldedoyelojo
1 comentario
compártelo
6 Julio 2006
¿Cómo se atreve ese viejo derechista a hablar de algo que no conoce? ¿Cómo se atreve a hacer esas declaraciones en la prensa sobre las elecciones presidenciales en México? ¿Cómo se le ocurre llamar "una opción democrática y liberal" al hecho de que continuara en el poder el PAN?
El PAN es el partido al cual pertenece el aún presidente de México, el mismo que llamó a las amas de casa "lavadoras de dos patas"; el que respondió, cuando se le pidió que interviniera en un asunto de medios de comunicación, "¿y por qué yo?"; el que dijo José Luis Borgues; el que respondió a una anciana que se le acercó y le dijo que no sabía leer, que qué bueno que no supiera, así no se enteraba de cosas desagradables en los periódicos; el que le chifla a su mujer para llamarla, como si fuera un burro; el que presume que todos los domingos va a misa y casualmente siempre hay un fotográfo para que sea testigo de su devoción; el que siendo aún candidato, demostró su homofobia llamando "Pancho Lavestida" a uno de sus contrincantes, Francisco Labastida Ochoa...
También, tomando el caso particular de mi estado (Jalisco), el mismo partido al cual pertenece uno de los gobernadores más intransigentes y represores que hemos tenido, el que mandó golpear a los altermundistas, el que se ufanó de que en su gabinete no había "puñales", el que se burló de algunas recomendaciones de Amnistía Internacional...
Si esa es la opción "democrática y liberal" estamos jodidos...
servido por eldedoyelojo
sin comentarios
compártelo
4 Julio 2006
Lo conocí en la premiación del Concurso de Cuento Gay, y la verdad es que al momento de verlo no me fue indiferente, pero tampoco me gustó tanto como para hablarle yo a él. En el coctel después de la ceremonia, se acercó y me preguntó algo, seguramente acerca del concurso. Él había participado con un cuento que no tenía ni la más remota posibilidad de ganar: mal escrito y con errores de ortografía, que se limitaba a consignar una anécdota pero de literario nada.
Conversamos un poco y se despidió pronto, porque era tarde y tal vez no alcanzaría transporte público. Conseguí que me diera su correo electrónico y tras intercambiar un par de mensajes comenzamos a salir. En la primera cita me alarmé al verlo esperándome en la esquina que habíamos pactado: se veía mucho más joven de la edad que dijo tener. Él también me miró y un poco sorprendido me confesó que yo me veía diferente. ¿Diferente? ¿Para bien o para mal? le pregunté. No sé, nomás diferente, fue su respuesta cautelosa.
Y comenzamos a salir. Pero desde el primer momento, el trato no fue tan fluido como debería haber sido entre dos hombres que se acaban de conocer, y (se supone) se gustan. Aventuro a enunciar las razones que nos tenían allí a ambos: yo, porque no podía dejar escapar la oportunidad de salir con un chavo de 18 años; Fernando, porque no se había encontrado hasta el momento alguien más “apropiado” para él. Y por supuesto muy pronto le encontré defectos. Por ejemplo que en su manera de hablar reunía dos acentos que me molestan de manera particular: lo fresa y lo chilango. En una ocasión que le estaba hablando con familiaridad de cierta zona de la ciudad, me detuvo y me dijo que no la conocía, porque “pues no soy uno de ustedes”. La aclaración me dejó perplejo. ¿No era uno de “ustedes”, o sea “nosotros”? ¿Y quiénes éramos nosotros? Lo que trataba de dejar muy en claro, era que él no era tapatío (es decir, nativo de Guadalajara) sino nacido en el Distrito Federal. Y no tenía porque conocer toda la ciudad. Y a decir verdad (eso lo supuse yo), ni le interesaba.
Además Fernando fue muy mala inversión, aún en el poco tiempo que salimos. Yo gastaba mucho dinero en él, y no me lo cogí siquiera una sola vez. Le decía “ya es tiempo de que estemos un rato a solas (vaya eufemismo) no crees?”. Y él solamente reía y reía y reía, sin fijar una fecha. A mis amigos nunca les conté de las maneras en que él sutilmente me estaba pasando la factura por gozar de su compañía, porque de pendejo no me hubieran bajado. Aunque de todas maneras me di cuenta pronto de eso y preferí ignorarlas. Por ejemplo, asistía a uno de los gimnasios más caros de la ciudad, pero no tenía cien pesos para cargar su celular. Me decía que no me hablaba porque no tenía crédito su teléfono ni dinero para comprarse tiempo aire. Por supuesto que yo no esperaba que él pagara la cuenta del restaurante, pero de cualquier manera era encajoso. Una vez le dije que iría al cine con mi amigo Efraín y al salir de la función allí estaba afuera esperándome, él y dos primas que habían venido de visita. Sugerí que fuéramos a un lugar a tomar algo y me comentó en secreto que mejor no, porque ellos no traían dinero. Y obviamente, como no quise parecer tacaño frente a sus primas, le dije que no había problema por eso. Fuimos y pagué las varias cervezas de los tres. Hasta le di dinero para el taxi de regreso, porque claro, ya era tarde y no podían regresar en autobús.
Pero el hecho que me decidió dejar por la paz esa “relación” fue algo muy distinto. Fernando no sabía que quería hacer de su vida. Estaba consciente de que tenía que estudiar algo, pero a todo le encontraba inconvenientes. Quién sabe debido a qué razones, un día me dijo que entraría a la licenciatura en Letras. Dudé de que tuviera la más mínima vocación para eso, en vez de decírselo le di ánimos por supuesto. Hasta me agradó que se hubiera decidido por un área artística, afín de alguna manera a lo que hago yo. La gota que colmó el vaso fue su llamada de la noche anterior a su primer día de clases. Con voz alterada me dijo que estaba preocupado. El motivo de su turbación (aventuré) era tal vez la incertidumbre de poderse adaptar a las clases, de tener buenos maestros, de saber si tendría compañeros simpáticos, qué sé yo. Pero no. La preocupación que le carcomía las entrañas era no poder decidirse por cuál ropa llevarse ese primer día de clases.
Dejé de llamarle por teléfono, y él, como no se iba a rebajar a rogarle a alguien inferior que no se merecía su amor, hizo lo mismo. Un día me lo encontré en su escuela, casualmente yo había ido por algo relacionado con la Universidad. Íbamos saliendo los dos. Lo acompañé a su autobús, le pedí disculpas por haberme desaparecido. De lo más tranquilo me dijo que no era necesario, que las cosas por algo pasaban.
servido por eldedoyelojo
sin comentarios
compártelo
27 Junio 2006
Una vez que andábamos en la borrachera la Paty y yo (alguna noche de junio del 2004 tal vez), terminamos de manera inevitable en el Caudillos. Cerca de nosotros discutían tres cabrones: los que parecían ser una pareja y un supuesto amigo. La pareja se cansó de discutir casi a gritos y se fueron. Paty comenzó a charlar con el que se quedó, se entendieron muy bien y platicaron un buen rato. Yo, a un lado, ni pelaba al individuo. Hasta que a ella se le ocurrió ir al baño y dejarme allí al nuevo amiguito. Respondí a sus primeras preguntas con desgano, pero me empecé a fijar en él y no se me hizo feo. Quizás un poco pasado de rollizo (jajajaja) pero no feo: güero, de brazos peluditos, con apariencia un tanto forzada y estudiada de “gente bien”. Y muy pronto empezó a presumir: que era médico de la Autónoma de Guadalajara, que tenía varios estudiantes a su cargo, que cada rato se iba a la UNAM a dar conferencias magistrales, etc. etc. Y como a mí nunca me han dejado boquiabierto ni mucho menos tales muestras de autopromoción, me empezó a aburrir. La Paty tardó en volver. Es más, ni regresó. Lo que dio pie a que, tal vez por la cerveza ingerida o porque de verdad me gustó finalmente o quién sabe por qué chingados, nos comenzamos a besar Alfredo y yo. Unos minutos después (por decir treinta, una hora, dos, etc.) nos despegamos y le dije que ya me quería ir. Buscamos a Paty y yo la alcancé a ver platicando con un tipo, por lo tanto, ya que siempre he sido muy discreto, no le dije nada ni me despedí.
En la esquina donde cada quién debía tomar su taxi, Alfredo me dijo que tomáramos el mismo rumbo a su casa. Pero me negué y lo que en realidad era desgano, él lo interpretó como muestra indiscutible de que yo era tímido y cohibido. Antes de despedirnos se me ocurrió invitarlo al día siguiente a la presentación de un libro.
Esa presentación era parte de la Semana Cultural Gay, así que aunque no fuera muy apropiado el sitio, nos la pasamos también besándonos durante todo el evento. Cerca de nosotros Efraín y Óscar, mis mejores amigos, nos miraban incrédulos porque no les había comentado nada acerca de un nuevo romance (pues cómo, si lo había conocido la noche anterior).
En fin empezamos a vernos, si bien en realidad con pocas expectativas de mi parte. Incluso fuimos juntos a la marcha gay de ese año. No recuerdo que hayamos salido a muchos lados, pero sin embargo pronto me aburrieron sus pretensiones de clase alta, sus aires de médico exitoso. Comencé a notar algunas incongruencias en lo que me contaba. Hasta que dejé de hablarle y al cabo de unos días le solté el rollo trillado de “todavía no estoy preparado para una nueva relación”, “no eres tú, soy yo”, bla bla bla. Me lo creyó todo. Creo que a sus ojos hasta quedé como un tipo medio perdido y frágil, sensible.
Tiempo después, de nuevo con Paty (por supuesto otra de las personas que generalmente mantengo al tanto de mis percances amorosos), a ella de repente se le ocurrió preguntarme por aquel cuate, el “enfermero”. ¿Enfermero? ¿Cuál? Ni siquiera se acordaba de su nombre. El que conocimos en el Caudillos. ¿Cómo que enfermero? grité sin poder contener el enojo. A ella sí le había contado la verdad. A mí, para impresionarme obviamente, me dio otra versión de su vida. ¿Por qué hizo eso? ¿Mentir para que en cualquier momento lo descubriera? ¿Cómo se atrevió a inventar tanto si Paty sabía ya la versión real? Además, tal vez con otros podría funcionar, pero a mí no me hubiera impresionado en lo más mínimo que me dijera que tenía postgrados en Harvard. O en cualquier otra universidad extranjera, si es que allí no enseñan Medicina. Que creo que no.
Tuve oportunidad después de una pequeña venganza por el engaño. Un día me lo encontré en un restaurante, y en esas pláticas rápidas que se dan en el pasillo, me dijo que andaba buscando trabajo porque había dejado la Universidad Autónoma, ya no le había gustado. De inmediato le sugerí que fuera al hospital de una amiga mía donde necesitaban médicos. Tras un tartamudeo, muy digno respondió que quería un lugar cerca de su casa.
servido por eldedoyelojo
sin comentarios
compártelo
26 Junio 2006
A veces quisiera estar segura
De que todo estará bien
Y que no tendré miedo
De seguir caminando
Sin saber bien a dónde voy
A veces quisiera poder asumir
Toda mi fragilidad
Sin luchar conmigo todo el tiempo
Intentando ser fuerte
No es fácil admitir que la felicidad
Quizás sólo es un mito más
Por absurdo que parezco
Sólo queda la fe
Para continuar
Para continuar aquí
Para continuar
Para continuar aquí
Cuando aparentamos ser lo que no somos
Siempre llegará el momento en que
Tendremos que mirarnos
Y no hay forma de mentir
Y a pesar de tanta gente en un mundo
Tan perfecto
A cada paso de la evolución
Siempre llega la soledad
No es fácil admitir que la felicidad
Quizás sólo es un mito más
Por absurdo que parezco
Sólo queda la fe
Para continuar
Para continuar aquí
Para continuar
Para continuar aquí
INTÉRPRETE: SARA VALENZUELA
servido por eldedoyelojo
1 comentario
compártelo
26 Junio 2006
Lo que siento cuando estoy cerca de ti
Tengo miedo que lo puedas descubrir
Se me escapa el corazón
Y muy de vez en cuando pierdo la razón
Viendo pasar el tiempo en el reloj
Imagino que también piensas en mí
Yo sólo quiero ver una señal de ti
Y me pongo a platicar
Con las estrellas en mi soledad
Sintiendo cómo invades mi interior
Cómo siento cada vez
Que te aproximas
Y que enciendes mi emoción
Con tu presencia
Ya no encuentro más lugar para la espera
Y ni siquiera sé qué sientes tú por mí
Pero lo que siento hoy nunca sentí
INTÉRPRETE: MARTHA HERNÁNDEZ
servido por eldedoyelojo
4 comentarios
compártelo