Pet Shop Boys en Guadalajara, México
El 12 de noviembre de 2006 estuvieron por primera vez en Guadalajara los Pet Shop Boys. Efra y yo, desde el día que los vimos anunciados, supimos que debíamos ir. Aunque la verdad yo estuve a punto de faltar, por escasez de lana; y qué bueno que no falté, no me lo hubiera perdonado (sí, aunque suene mamón y cursi, ¡no me lo hubiera perdonado!).
El concierto cubrió todas las expectativas. Sin lugar a dudas es el más prendido al que he asistido, por lo menos el más prendido de pop electrónico. La rapidez con que se acabaron los boletos ya permitía con anticipación saber cómo estaría. La escenografía, o utilería, o recursos escenográficos, como gusten llamarle, fue sencilla pero efectiva: tres paneles grandes que unos tipos vestidos con mono blanco movían para formar una pantalla de cine (para pasar la película del sepelio de Lady D, en Dreaming of the queen, los edificios de alguna ciudad ultramoderna (para Suburbia, claro), etc. etc. Tocaron todos los éxitos (o casi, porque faltó la que yo pensaba sería una de las mejores recibidas de la noche, New York city boy): West End girls, Can you forgive her, Domino dancing, Home and dry en una versión casi acústica, Always on my mind, Where the streets have no name, etc. Las que mejor respuesta tuvieron del público fueron It´s a sin, y la que cerró el concierto en el encore, Go west, con todo y el puño derecho levantado de casi todos los asistentes al teatro.
Neil Tennant se aprendió algunas frases en español, que al decirles el público rugía feliz: “!buenas noches Guadalajara!”, o al presentar a su compañero en la banda y en la vida, Chris Lowe, “somos los Pet Shop Boys”.
En el intermedio, Efra y yo estuvimos bromeando acerca de los asistentes, a quienes dividimos en dos bandos. La mitad de ellos eran amantes de la música electrónica (porlo general gente joven, desde adolescentes hasta veinteañeros), la otra, simplemente gays (de preferencia de treinta en adelante) que no podían dejar pasar el primer concierto en la ciudad de una banda emblemática para toda la comunidad homosexual. Como nosotros. Aunque claro, se podían hacer diversas combinaciones de ambas categorías.
Fue algo único asistir al concierto, ver a unos metros a la pareja que sólo había visto en fotos o videos. Escuchar en vivo las canciones que antes sólo habían estado encerradas en los discos. Me hubiera gustado haberme atrevido a cantar a grito pelado todas las canciones como hizo la mayoría de los asistentes, a aullar cuando comenzaba una canción que me gustara especialmente... Pero bueno, así callado y sentado (que no aburrido ni mucho menos indiferente), sin despegar la vista del escenario, tratando de capturar en mi mente cada imagen y cada nota, también disfruté mucho el concierto, la vibra que se sintió en todo el teatro Diana.

javier guiral dijo
jilipollas
5 Diciembre 2008 | 07:17 PM